25 años del Corte Inglés
Estamos a final de octubre, pronto cambiarán la hora. Refresca por la mañana, hace calor durante el día y en ese calor es donde se me frustra el artículo. Con el calor estropeo más folios de los que escribo, todos van a la papelera. El sol me bloquea las ideas y me empuja a la calle. Salgo. Voy a El Corte Inglés. En El Corte Inglés siempre hace la temperatura perfecta, ni frío ni calor. Ahora han celebrado los 25 años de su inauguración.
Cuando abrieron por primera vez, los niños iban para subir por las escaleras mecánicas como si fuera una atracción de feria gratuita, y eso que en Badajoz ya conocíamos las escaleras mecánicas de Galerías Preciados, pero las del Corte Inglés eran mejores, tenían más recorrido, más plantas. Antes los niños se divertían subiendo y bajando por unas escaleras mecánicas; ahora permanecen sentados viendo vídeos por el teléfono móvil, y antes y ahora a los niños les sigue gustando el balón y jugar al fútbol. Hay cosas que la tecnología no cambia.
Jugar al fútbol para los niños es como comer jamón para los adultos, algo que gusta en todos los momentos, aunque cada generación tiene sus gustos, igual que cada jubilación tiene los suyos. Entre las últimas generaciones de jubilados se ha puesto de moda matricularse en la universidad de mayores. Los jubilados ya no van a ver las nuevas construcciones; apenas se ven pensionistas con las manos atrás viendo las obras. Además, hay pocas obras. Ahora los pensionistas llenan las aulas de la universidad. El tiempo pasa tan rápido que un día estamos trabajando y al siguiente estamos esperando en la parada del autobús para ir a la clase de historia o hacer una excursión guiada al Fuerte de San Cristóbal.
En el interior del Corte Inglés siempre huele bien; nunca se ven limpiadores ni limpiadoras y siempre está limpio. Hace veinticinco años, el lugar donde está situado El Corte Inglés era un terreno sin edificar conocido como ‘el lejío de los chinatos’ que se utilizaba como aparcamiento, sobre todo los fines de semana. Los viernes y sábados por la noche se llenaba de coches ya que los locales nocturnos que estaban de moda eran los pubs situados en las traseras de la avenida Saavedra Palmeiro: el Luna, la Cochera, El punto I, la Pirámide, La otra luz del jazz… Lugares donde se formaron algunas parejas, pero sobre todo donde se deshicieron, porque la noche, el alcohol y la fogosidad de la juventud son traicioneros con la fidelidad.
Delante de la ONCE
Hoy, cuando salí de El Corte Inglés, vi una cola de personas delante de una trabajadora de la ONCE que vendía cupones de los ciegos. En la acera de enfrente hay una óptica que hace esquina, una boutique, una heladería y un local donde venden jamón y queso. No me acostumbro a ver el Cine Conquistadores transformado en un bingo. Fui muchas veces al cine a ver las películas que ponían entonces. A Badajoz siempre llegaban los estrenos con retraso; decían que era porque solo había una empresa, Sánchez Ramade, dedicada a traer las películas y las traían cuando habían pasado meses del estreno, y así eran más baratas para los empresarios.
Una vez me atreví con *Lo que el viento se llevó*, que se me hizo larga en aquellas butacas rojas. También vi alguna de Woody Allen, creo que *Manhattan*; *Carmen*, de Saura y hasta el Agente 007 cuando lo protagonizaba Sean Connery. También vi la película imprescindible de la juventud *Flashdance* y *Fiebre del sábado noche*. El local donde antes bailaba Jon Travolta y sonaban los Bee Gees con ese maravilloso falsete, ahora se escuchan gargantas cantando bingos y líneas. Nunca he entrado en el bingo, así que conservo en mi memoria la sala inclinada del cine con los sillones rojos y una enorme pantalla blanca.
Junto al cine estaba la cafetería José Luis. El bar José Luis tenía un reservado en la planta alta con unos sillones de skay donde iban parejas de novios buscando la intimidad de una luz tenue. Hoy es una óptica.
En la puerta de El Corte Inglés que da a la calle Enrique Segura Otaño hay mucho movimiento de gente, es un rincón bullicioso, también musical. A la derecha de la puerta suelen ponerse chicos jóvenes a tocar y cantar, en la esquina de la Avenida de Huelva también se ponía un señor con un acordeón, aunque hace tiempo que no lo veo.
La fotografía protagonista
La fotografía ha estado presente en esta efeméride con la convocatoria por parte de La AFE (Agrupación Fotográfica Extremeña) del concurso de fotografía de la fachada del Corte Inglés. También se ha presentado la exposición *El año cero de la civilización*, de la fotógrafa Isabel Muñoz, premio nacional de fotografía en el 2017, que se puede ver en el escaparate del centro comercial.
Hace 25 años inauguraron este complejo comercial Rodríguez Ibarra, Celdrán y el dueño Isidoro Álvarez, el hombre que nunca se le pasó felicitarnos por Navidad. Como dije antes, salgo por la puerta de El Corte Inglés que da a la calle Enrique Segura Otaño, un cruce lleno de vida y color, una zona muy transitada donde es fácil coincidir con algún conocido.
De frente está la avenida de Huelva. No recuerdo cómo era esta avenida hace 25 años, ni cuándo ni por qué colocaron el ancla que sirvió como punto de encuentro para los del club de caminante. Era el lugar donde quedaban todos los domingos a las 8 o las 9 de la mañana para iniciar sus rutas cuando lo dirigía Manuel Mayorga.
En el inicio de la avenida de Huelva echo de menos el olor de la dulcería Ansorena. Ahora hay otra pastelería que se llama *Revive*, creo que son de Nogales. Al principio de la avenida es donde ponen la meta de la media maratón Elvas-Badajoz, donde se ponen de vez en cuando los de un partido político a repartir su propaganda, donde cantan por Navidad el Coro del colegio de los Maristas, que coincide con el alumbrado de las luces de la fachada de El Corte Inglés, y dentro de poco, cuando llegue el frío, se pondrán los vendedores de castañas asadas, dando calor, color y olor a este rincón pacense.
El Faro
El Corte Inglés ha cumplido 25 años y ahí sigue con sus trabajadores uniformados, su tarjeta para comprar a plazos, sus ofertas en cada una de las estaciones del año. Tiene una sala cultural en la última planta donde se hacen exposiciones de fotografía, pintura, esculturas, donde se presentan libros y se dan conferencias. Un Corte Inglés al que no le ha afectado la apertura del Faro.
Todavía estoy en la puerta, cerca de la señora de los cupones, del músico que ahora toca una armónica, y esquivando a gente que no deja de entrar y salir. Estoy igual que hace 25 años, que no sé si seguir por la avenida de Huelva, pasar por la estatua de Menacho dejando a la derecha mi instituto, el Zurbarán, y a la izquierda, la Gerencia del SES, que cuando empecé a trabajar era el INSALUD, aunque hoy tampoco quiero hablar de mi trabajo.
No sé si quiero hacer este recorrido y llegar hasta San Francisco, o ir por la Avenida de Santa Marina y pasar por el bar de los Castúos, por la librería Colón, por las casas de los maestros, por el Aneja, las Josefinas, la antigua escuela de Magisterio, la sala de exposiciones CB, creo que ahora está exponiendo Oliver Sáenz retratos de músicos; pasar por el bar La Jungla, por el Venero y llegar hasta el río.
Estoy igual de indeciso que hace 25 años. Entonces veo a mi amiga Carmen y me dice: «vamos a tomar una caña al Miniatura», y me voy con ella igual que hace 25 años.
